Escuché una vez, que sólo los gallegos, saben lo que es la morriña. No lo comparto.
Si bien es cierto, creo que no he sabido qué significaba exáctamente ese término hasta hace apenas un año, cuando decidí, por mucho y muy diferentes motivos, y por ninguno de ellos en concreto, marcharme. Irme lejos y aprender a volar lejos de lo que siempre había conocido.
Hace apenas 2 meses que volví a pasar mis vacaciones, sorprendiéndome a mi misma disfrutando del olor tan natural de un tomate, cultivado en una huerta familiar, y en mi mente parece que un chip se activó haciéndome recordar mi infancia, en casa de mis abuelos, con mis primos, cuando mi abuelo volvía de la huerta con las alforjas llenas de tomates y pepinos recién cortados de sus matas, y de cómo mi abuela, nos los lavaba y cortaba, y hechándoles un poco de sal nos los ofrecía… Parecía que en 10 meses fuera de casa, nada había cambiado, y sin embargo, el simple detalle de un olor y un sabor tan auténticos como esos, me hizo darme cuenta de cuánto añoraba mi tierra.
Falta menos de una semana para que me vuelva a ir. Anoche, como cada noche, me asomé a la ventana del que siempre ha sido mi cuarto, y otro olor, me envolvió para recordarme que el invierno se acerca a pasos agigantados, y que cuando llegue, yo no estaré aquí, y no podré disfrutar más de esa sensación que tanto me gusta, pero el tiempo me brindó la oportunidad de disfrutarlo aunque fuera por una noche, de envolverme en ese aire frío que estremece mis sentidos, pero que a estas alturas del año, no llega a ser desagradable, sino más bien apetecible, y dejarme acariciar por el olor a tierra mojá, que aunque parezca mentira, no huele igual en todos los sitios, siendo el que yo siempre he conocido, un olor refrescante, agradable y lleno de buenos recuerdos.
Y así, sin comerlo ni beberlo, sin apenas darme cuenta, poco a poco, y cuando más cerca estoy, más lejos me siento, porque es cuando siento todo lo que añoro y se, que me iré sin llevármelo todo.
Porque estoy y estaré lejos de la tierra que me vió nacer, en la que tan feliz crecí y en la que me he forjado y convertido en la persona que ahora soy, porque sé que otro otoño más me perderé el aroma a alperchín que invade al pueblo en este tiempo, porque yo, Extremeña, también tengo morriña, y añoranza de una tierra que considero mía, igual que yo soy suya. Y como dijo Manolo Chinato:
“Que no queremos ser tanto, queremos vivir en nuestra tierra agrietada de manantiales cristalinos, andar un poco más lejos que las fronteras por la sublime añoranza del regreso.
Que no queremos ser tanto, queremos ser un poco de sol y un poco de noche, queremos ser viento y calma, tormenta, lluvia y olor de tierra mojada.”
Zarpa, una Bellotera en Valencia


oh yeah!
parece que esto se pone de moda…
Las modas es lo ke tienen…
1 beso!