Ya sé que dije que publicaría todas esas paranoias que “en veh en cuando” pasan por vuestras cabezas, ya sé que dije que publicaría sin problemas todo aquellas movidas que me enviáseis, ya sé que dije, que todo eso, lo haría en “Historias para contar”.
Pero señores, no me ha quedado otra opción. Esta mañana, al abrir el correo, me he topado con un mail. Escrito y enviado por un hombrecito al que quiero y admiro. Por el hombrecito que me animó a publicar aquí mis paranoias, a compartirlas con vosotros. Esa persona que me pide que le enseñe cada cosa que escribo, y que, tras leerla detenidamente, me da su más sincera opinión, para bien o para mal.
Y señores, este hombrecillo, tiene un talento especial (uno, entre otros muchos), el don de la palabra escrita. Desde la primera historia-paranoia que leí, no pude dejar de pedirle que escribiera, porque en verdad os digo, que es el puto amo
De modo que, tras leer su mail esta mañana, he decidido abrir esta página para publicar lo que me mandéis, y la mejor manera de hacerlo, de inaugurarla, es compartiendo con vosotros la historia que me ha dado los buenos días.
Espero que la disfrutéis.
Gracias Al. Un beso.
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Con el rabo entre las piernas. Por Al.
* (Decapítese el centro viril del ser humano cuando toda esperanza ha desaparecido.)
Esto leía Roberto en la soledad de su habitación.
El libro interactivo que albergaba los objetivos físicos del alma, basándose en estadísticas exactas que durante toda la historia del ser humano habían estado ocultas detrás del propio razonamiento, (razonamiento ya desencriptado por los avances en el campo de la genética) no mentía. La propia lógica no dejaba duda, todos los cálculos apuntaban a una sola opción, la opción de excusar todo problema imposible de solucionar.
Roberto lloraba en la soledad de su habitación.
Repaso los cálculos una y otra vez, pasando las páginas, apuntando los factores que habían hecho de su vida un infierno, llevándose las manos a la cabeza arrancando su cuero cabelludo que aunque en perfecto estado no servia de nada ya.
Esto no podía estar sucediendo. Algo tiene que haber salido mal, ¿acaso me espera un futuro de celibato donde mi apéndice adorne el salón de mi casa, dentro de un bote de salmuera? Es un caso de seis estrellas, ninguna persona que el conociera había llegado a algo tan extremo.
El diccionario de la vida, famoso por enjuiciar todo dilema existente y llegar a una correcta y rápida solución, usado por todos los habitantes del planeta que de una forma u otra hallaban el rumbo de su futuro en cualquier momento de la vida con el noventa y nueve por ciento de acierto, donde ni siquiera el tiempo afectaba debido a su posterior calculo tomando como referencia el tiempo presente, le obligaba a destruir lo más profundo, lo mas importante, lo mas peligroso, la concupiscencia de su alma, la única y obligada finalidad del hombre y de todas las especies.
Roberto maldecía en la soledad de su habitación.
Maldito objeto del demonio. Nos has obligado a actuar sin consciencia por nuestra personalidad cada vez mas adormecida. La gente ya no se la juega, ya no desespera, simplemente obedece órdenes. Hasta el más poderoso hace caso de las matemáticas básicas que todo lo explica.
¡No!, decía una y otra vez Roberto. No puede estar todo sujeto a una norma que dicte el camino de todo ser. Las hojas no deben arremolinarse de las formas que una ecuación con innumerables incógnitas halla resulto ya. Algo estoy pasando por alto.
Observó, contempló, examinó y escrutó cada palmo del índice sin encontrar nada a lo que abstenerse. Todo se había seguido paso a paso.
La verdad era clara, no perdamos más tiempo. Roberto empuño el cuchillo de su padre y se los acercó a la frente sudorosa. En un arrebato golpeó la cama y gritó.
Roberto gritaba en la soledad de su habitación.
Un escalofrío recorrió su brazo, dejando caer el libro. De repente la luz ilumino la pasta donde una frase anónima dejaba al descubierto la única “x” indescifrable.
“A pesar de los cálculos concisos, cabe la posibilidad que dichos factores cambien rotundamente gracias al devenir del destino que para bien o para mal afectara a todos los resultados”. Roberto sin percatarse se apoyo en el gran ventanal que daba a la plazoleta. Una chica de ojos claros y sonrisa metálica esbozo un guiño tímido al cruzar su mirada con el desdichado.
Roberto sonreía en la soledad de su habitación.
ja!
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La patria
Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país; se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañas si te mudas a diez cuadras. El que se siente patriota, el que piensa que pertenece a un país es un tarado mental, la patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salceño?. Son tan ajenos a mi como un catalán o un portugués, una estadística, un número sin cara.
Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa. Lo único que yo te digo es que cuando uno tiene la chanza de irse de Argentina debe aprovechar. Es un país donde no se puede ni se debe vivir, te hace mierda. Si te lo tomás en serio, si pensás que puedes hacer algo para cambiarlo, te haces mierda. Es un país sin futuro, saqueado, depredado y no va a cambiar. Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie.
De la película Martín (Hache)
de Adolfo Aristaráin.

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